Teatro chino [28 de diciembre de 1874]
- Título
- Teatro chino [28 de diciembre de 1874]
- Es parte de
- El Nacional, año X, no. 2904
- Fecha de publicación
- 1874-12-28
- Descripción
- Describe las características de una función teatral tradicional china realizada en el teatro del rastro de la Huaquilla, según la percepción del cronista, en cuanto a la interpretación de personajes femeninos, movimientos convencionalizados en la actuación, acrobacias, decoraciones de escenario, música e instrumentos musicales. Expone el argumento de la obra teatral representada.
- Materia
- Argumentos de las obras teatrales
- Travestismo como recurso teatral
- Simbolismo del teatro tradicional chino
- Teatro del rastro de la Huaquilla
- Teatro tradicional chino en Barrios Altos (Lima, Perú)
- Características de las obras teatrales
- Infraestructura teatral
- Infraestructura teatral
- Cobertura espacial
- Barrios Altos (Lima, Perú)
- Extensión
- p. 3
- Idioma
- spa
- Referencia bibliográfica
- Teatro chino. (28 de diciembre de 1874). El Nacional, p. 3.
- Procedencia
- Biblioteca Nacional del Perú
- Derechos de acceso
- info:eu-repo/semantics/openAccess
- Publicación periódica
- El Nacional
- Localización
- Biblioteca Nacional del Perú
- Transcripción
Teatro chino .- Rara vez registran nuestras crónicas revistas, anuncios ò noticias del mencionado teatro, y la razon es obvia. ¿Qué importa a nuestro ilustrado público lo que pueda pasar allí? Sin embargo, por via de variedad y por consignar algunos rasgos típicos que no carecen de interés por su originalidad, vamos á dar ligeramente cuenta de la sobresaliente función que tuvo lugar el primer dia de Pascua. Galantemente invitados por un respetable caballero, á quien los hijos del Celeste Imperio profesan el mas grato cariño y les merece las mas solicitas atenciones, no quisimos desperdiciar la ocasion que se nos ofrecia de conocer minuciosamente los misterios ò diablerias que para nosotros en- cierra el lóbrego coliseo del Rastro de la Huaquilla, que hace las delicias de la infortunada colonia asiática. No exijan mis amados lectores una razon del extenso argumento que se desarrollaba en parte, la noche de que nos ocupamos, pues mas fácil nos seria alcanzar la luna con los dientes, como decia Boileau. Nuestra completa ignorancia del idioma de Confucio, lo que no es muy de estrañar, y la falta de un intérprete expedito, que nos pusiera al corriente de las ceremoniosas cuanto cansadas pantomimas y chillidos que constituyen la parte lirico-dramática, nos ponen, bien a nuestro pesar, en la imposibilidad de satisfacer semejante deseo. Con todo, por lo que pudimos averiguar de uno de los mas asiduos concurrentes, parece quo el argumento es sacado de la historia política antigua de la China y que lo que se queria representar era uno de los muchos episodios heroicos de la sangrienta e interminable guerra con los Tartaros. En aquella época, es decir, ahora 2,000 años, los Tartaros eran tributarios de los Chinos, pagaban fielmente su tributo porque no tenian el poder suficiente para independizarse de él. Un dia el orgullo nacional se subleva y resuelven suspender el pago de tan humillante contribucion. Tres años se pasan sin abonar un centavo. Entónces el emperador chino se decide á mandar un comisionado investido de plenos poderes para que se exija en términos perentorios el cumplimiento de la obligación que pesa sobre ellos, ó les declare la guerra, en caso de resistencia. Como es de suponerse, los Tártaros rechazan indignados el ultimatum y se deciden por la guerra. Aqui viene un enjambre de incidentes que para un entendido seria materia de muchas resmas de pape grande, si se propusiera describirlos. Los chinos con sus sombreros de paja democráticamente calados, escuchan atentos y silenciosos, sin perder un movimiento, una palabra de la fabulosa historia que inmortalizara a sus antepasados. No conocen el sistema nuestro de aplausos para significar la aprobacion. La complacencia del publico, tanto por los actores, como por la obra, se manifiesta por un murmullo de entusiastas exclamaciones ó de sonrisas, cuando se vierte algun chiste. Tampoco conocen los silvidos para traducir la impresion contraria. Otro murmullo de disgusto y señales de cansancio y de fastidio, avisan suficientemente a los cómicos que la pieza ha hecho fiasco. Las representaciones comienzan a las 7 de la noche y son muy largas. Durante toda la funcion una bulla de carácter enteramente salvaje aturde, á guisa de orquesta, a los espectadores. Los instrumentos son los siguientes: una paila colgada á un cordel que se toca con un palito, una especie de almirez, que se hace vibrar con una varillita de fierro, algo como una chirimia, una imitacion violin de tres cuerdas, un mate volteado sostenido por tres piés de bejuco haciendo las veces de timbales, unos enormes platillos y un aparato que se pulsa como guitarra, completan la instrumentacion de la susodicha orquesta. Es imposible imaginar nada mas destemplado, mas monótono, mas ingeniosamente combinado para ofender el oido y trastornar la cabeza. Habiamos leido en cierto viaje á las Indias Inglesas que para cazar á los elefantes se hacia una algazara terrible y se quemaban grandes cohetes, para asustarlos y hacer que echasen a correr despavoridos, hasta que rendidos por el cansancio se recostasen en un arbol: entónces los cazadores le minaban el árbol y caia el elefante sin poderse levantar, le aseguraban con lazos y desde ese momento quedaba definitivamente prisionero. Pues bien, aquella algarabia no hemos llegado a estimarla en su verdadero valor, ni a formarnos una idea cabal de ella, hasta el Viernes que pisamos por primera vez el teatro chino. Lo que hay de verdaderamente notable es el vestuario de la compañía, por su lujo, abundancia y variedad. Todos son de seda o de finisimo raso, recamados de oro y plata, formando caprichosos dibujos. Recien llegados se estrenaban por primera vez en la funcion que nos ocupa, y sabemos de buen origen que se han gastado en unos cuantos de los escojidos, mas de 13,000 soles. Como tal vez, no se ignora, son hombres los que, convenientemente vestidos, hacen el papel de mujeres, pues en China no se permite que las mujeres salgan á las tablas. Todo es figurado en sus representaciones, de manera que no hay cambios de escena; el proscenio permanece siempre el mismo, y a diferencia de nuestros teatros, la orquesta ocupa la parte central del fondo del muy reducido escenario, pues no debe tener mas de seis varas de largo por quince a lo menos de ancho. Tampoco usan telón ni hay entreactos; mientras se presentan unos, los anteriores estan recobrando aliento, para volver a salir al cabo de un rato. Aun en esos mismos momentos el descanso no es sino a medias, pues aprovechan de ellos para dar un vistaso al libreto, consulta indispensable si se tiene en cuenta que trabajan de memoria y no conocen apuntador, ni consueta de ninguna clase. Entre las mil extravagancias y hasta absurdos, nada nos ha chocado mas que el modo de representar el coche, litera ó palanquin; no sabemos á punto fijo de que especie se trataba. El intérprete nos dijo que era coche, pero dudo mucho que los antiguos chinos conociesen este vehículo. Lo cierto es que el tal coche consiste en dos banderitas blancas con un dibujo en el centro, que una mujer mantiene paralelas a la altura de una vara del suelo. El mandarin levanta el pie en actitud de apoyarse en el estribo para subir, y hace todos los movimientos de una persona que se sienta, arrellanándose del modo mas confortable. A la vista, nuestro sujeto está muy cómoda y muellemente reclinado, pero si se han fijado nuestros lectores en la descripción del coche, verán que ese individuo no puede estar sino en el aire y en una posición de las mas violentas, que no se percibe por los vestidos de forma talar. Una de las partes esenciales de todo el espectáculo y que no debemos omitir, es la +parte acrobática, que consiste en volteos, saltos mortales y patadas. Completamente desnudos hasta la cintura, dan unos brincos y saltos estupendos por espacio de una hora. Los mas, no diremos aplaudidos, pero sí los mas elogiados, son los que consisten en dar un doble volteo, cayendo fuertemente con las espaldas de plano sobre una mesa de madera. Despues forman una altísima pirámide, colocando varias mesas una encima de otra; un chino sube á la cumbre con la mayor agilidad, y, con todo el peso de su cuerpo, se deja caer á modo de trampolin sobre la barriga de uno muy gordo, que hace las veces de payaso y dá un volteo, cayendo de manos. Otro viene con una gran palmeta, que parece un remo, y por via de chiste, le descarga sendos palmetazos en la barriga al gordo, que es allí la víctima, hasta que se divide la palmeta en dos.
